Colombia tiene escenarios que parecen sacados de una postal y el Lago de Tota, en Boyacá, es uno de ellos. Sus montañas, aguas cristalinas y Playa Blanca, con su arena clara, convierten este rincón del altiplano cundiboyacense en una alternativa diferente para quienes buscan celebrar el amor rodeados de naturaleza.
Ubicado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, el Lago de Tota es el mayor lago natural de agua dulce del país, con cerca de 60 kilómetros cuadrados de superficie. Su paisaje combina la tranquilidad de la montaña con una playa que recuerda a destinos costeros, una característica que lo hace atractivo para el turismo nacional.
Esta riqueza natural también abre nuevas posibilidades para el turismo de romance. Cada vez más parejas buscan lugares especiales para casarse o disfrutar su luna de miel, con experiencias que van más allá de la ceremonia e incluyen descanso, gastronomía, bienestar y actividades para compartir con familiares y amigos.
“Las parejas también valoran lugares donde el paisaje, la privacidad y la posibilidad de compartir una experiencia más íntima tienen un peso importante en la decisión”, explica Johana Cuan, directora de Marketing Corporativo de Decameron. Esta tendencia impulsa la búsqueda de destinos donde el entorno sea parte esencial de la celebración.
En este escenario, el Hotel Decameron Refugio Rancho de Tota ofrece una alternativa para quienes desean disfrutar la región con comodidad y contacto con la naturaleza. Su propuesta incluye gastronomía, spa, sauna, baño turco y gimnasio, servicios que permiten complementar una escapada romántica o una estadía con motivo de una boda.
Más que un lugar para una celebración, el Lago de Tota invita a convertir el viaje en parte de la historia de cada pareja. Sus paisajes, la tranquilidad de Boyacá y las experiencias de descanso al aire libre lo posicionan como una opción para descubrir el turismo romántico en Colombia desde una perspectiva diferente.





