Después de recorrer durante más de tres décadas los cielos del país, el coronel retirado Diego Hernández Jaramillo cerró su etapa como piloto de SATENA, dejando una historia marcada por el compromiso con las regiones más apartadas de Colombia. Su retiro representa el final de una carrera dedicada a fortalecer la conectividad aérea y a llevar oportunidades a miles de comunidades.
Con más de 20.000 horas de vuelo, Hernández fue uno de los protagonistas del crecimiento de la aerolínea estatal. Desde su llegada en 1995, cuando aún hacía parte de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, participó en operaciones que permitieron mantener comunicados territorios donde el transporte aéreo continúa siendo la principal alternativa para acceder a servicios, comercio y desarrollo.
A lo largo de su trayectoria pilotó diferentes aeronaves que hicieron parte de la evolución de SATENA y también participó en procesos estratégicos para la incorporación de nuevos aviones a la flota. Su experiencia lo convirtió en uno de los pilotos con mayor conocimiento de las rutas regionales, enfrentando pistas complejas y condiciones geográficas que exigían precisión y profesionalismo en cada operación.
Para Hernández, la aviación siempre tuvo un propósito que iba mucho más allá de transportar pasajeros. Cada vuelo significaba acercar medicamentos, facilitar encuentros familiares, impulsar la economía local y mantener la presencia institucional en zonas donde las distancias siguen representando un reto para millones de colombianos. Esa convicción marcó cada etapa de su carrera.
El presidente de SATENA, el Mayor General Óscar Zuluaga Castaño, destacó que pilotos como Hernández representan el verdadero espíritu de la compañía, al comprender las necesidades de las regiones y asumir la conectividad como una herramienta para reducir brechas sociales. Durante sus 32 años en la aerolínea, el piloto fue testigo de la modernización de la flota, el fortalecimiento de la seguridad operacional y la consolidación del papel estratégico de SATENA en el país.
El pasado 22 de junio de 2026 realizó su último vuelo comercial entre Puerto Carreño y Bogotá, acompañado por su familia. Al aterrizar recibió el tradicional arco de agua, uno de los máximos homenajes de la aviación, además del reconocimiento de directivos y compañeros. Con su retiro concluye una trayectoria ejemplar que deja como legado la vocación de servicio, la excelencia profesional y el compromiso de seguir conectando a Colombia desde el aire.





